El barroco

Se entiende por Barroco la evolución que sufre el arte renacentista, que culmina en el siglo XVII cuando las obras de arte se recargan con adornos superfluos y los temas se centran en el desengaño y el pesimismo.

Transcurre bajo los reinados de los tres últimos reyes de la casa de Austria:

Felipe III, Felipe IV y Carlos II.

Es una época de contrastes: decadencia política y social, por un lado y florecimiento artístico, por otro.
El escritor del Barroco pretende impresionar los sentidos y la inteligencia con estímulos violentos, bien de orden sensorial, sentimental o intelectual.

Para lograr lo anterior, recurre a un lenguaje ampuloso y retorcido, que dificulta muchas veces la comprensión.

El Barroco es una época de contrastes,como ya se ha dicho, y por esa razón ofrece dos tendencias literarias que se oponen, pero que persiguen el mismo fin: romper el equilibrio clásico.

De esta corriente rompedora con todo lo anterior tanto en literatura, arte como filosofía surgen dos estilos literarios:

Conceptismo y Culteranismo.

El culteranismo es una corriente literaria que se basa principalmente en la forma de las palabras.

El conceptismo se basa en el significado o concepto de la palabra.

Nuestro autor, Luis de Góngora, opta por el culteranismo.

Su creación culterana más importante es la Fábula de Polifemo y Galatea, de tema mitológico, en la que narra el amor apasionado del gigante Polifemo hacia la ninfa Galatea.

Otra obra en este sentido es Las soledades, poema en el que exalta la naturaleza y que quedó incompleto.

Son destacables numerosos sonetos en los que predominan las sátiras a sus enemigos, entre ellos Lope y Quevedo,especialmente este último que le dedicó el poema "Erase un hombre a una nariz pegado".

Este poema es muy popular en España y ocurre como con los versos del Tenorio o de Espronceda, que todo el mundo lo conoce y lo aplica a situaciones semejantes.

Esperando que Góngora no se enfade con nosotros, vamos a poner el verso mencionado, como homenaje a ese personaje fascinante,y gran enemigo litario Don Luis, que fue Quevedo, del que ya hablamos.

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.

Érase un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidó Nasón más narigado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices eran;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañon garrafal, morado y frito.

Las cosas que se pueden decir en un soneto.

Para desagraviar a Góngora diremos que en su homenaje surgió la "Generación del 27", el movimiento literario más importante del siglo XX.

Estaba integrado por un grupo de escritores que, nacidos en fechas cercanas, y movidos por un acontecimiento de su época, se enfrentan a los mismos problemas y reaccionan de modo semejante ante ellos.

El acontecimiento, que los unió y les dio el nombre, fue el homenaje que el grupo hizo a Luis de Góngora en el año 1927 en Sevilla, al conmemorarse el tercer centenario de su muerte.

No creo posible homenaje mejor, si leemos la lista de nombres que realizaron dicho evento:

Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y Luis Cernuda.

(He de señalar que, aunque lo mereció, Miguel Hernández no forma parte de la "Generación del 27", porque no tenía alguna de las características del grupo literiario, como ser universitario y, por tanto, de clase acomodada. Pero, por sus méritos le vamos a conservar.

Suponemos que Don Luis de Góngora y Argote, allí donde esté, se sintió orgullos de haber influido en semejantes poetas.

Para finalizar, unos versos de su obra "Fábula de Polifemo y Galatea", para comprobar como es el culteranismo.

FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA

Estas que me dictó, rimas sonoras,
Culta sí aunque bucólica Talía,
Oh excelso Conde, en las purpúreas horas
Que es rosas la alba y rosicler el día,
Ahora que de luz tu niebla doras,
Escucha, al son de la zampoña mía,
Si ya los muros no te ven de Huelva
Peinar el viento, fatigar la selva.

Templado pula en la maestra mano
El generoso pájaro su pluma,
O tan mudo en la alcándara, que en vano
Aun desmentir el cascabel presuma;
Tascando haga el freno de oro cano
Del caballo andaluz la ociosa espuma;
Gima el lebrel en el cordón de seda,
Y al cuerno al fin la cítara suceda.

Treguas al ejercicio sean robusto,
Ocio atento, silencio dulce, en cuanto
Debajo escuchas de dosel augusto
Del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto,
Que si la mía puede ofrecer tanto
Clarín —y de la Fama no segundo—,
Tu nombre oirán los términos del mundo.

Bueno, bueno. Enrevesado pero precioso. No me digais que no.

Espero que hayais disfrutado con este gigante de la literatura en castellano.

Hasta el próximo post, cariños para todos.